miércoles, 12 de enero de 2011

Derechos de autor






La picaresca, probablemente, haya nacido de la necesidad, ¿no?

Los bienes universales son, a mi entender: la salud, la educación, la cultura, la alimentación, la vivienda, el trabajo, la libertad de expresión, de pensamiento y de movilidad. Con todos ellos hoy se especula. Quizá todas las demandas (pirateo, precariedad, abuso, etc.) sean parte de un síntoma general: El sistema actual se acaba por inoperante.

Lo cierto es que hay que buscar nuevas vías de convivencia que favorezcan a la mayoría, no sólo a unos cuantos privilegiados. No podemos permitirnos el lujo de seguir fomentando un sistema que crea tanta desigualdad y miseria; y mientras esto cambia, lo que deberíamos hacer todos los trabajadores, incluidos "los artistas", es evolucionar en nuestra manera de pensar, en nuestras costumbres y hábitos, en nuestra forma de consumir y de relacionarnos. Continuar trabajando por pasión, no sólo por dinero o ambición. Intentar evitar (asunto complicado) que con nuestro esfuerzo, engordemos a la bestia superficial y vanidosa que hemos creado entre —cada uno en su medida—: El sistema monetario.

Cierto es que hay mucho vago, mucho jeta… pero, tengo la esperanza de que, si todo estuviera mejor repartido, la gente disfrutaría con lo que sabe o puede hacer… 

Estoy completamente de acuerdo en que el trabajo de las personas debe ser respetado, ¿sin reservas? Claro, siempre que no incurramos en acciones fraudulentas o éticamente impropias, que dañen la integridad o afecten a terceros en cuestiones económicas, sociales o emocionales. Aunque... ¿Qué pensamos del oportunismo; la hipocresía que significa aceptar las "reglas de la calle" mientras consumimos y después reivindicar leyes justas cuando tocan lo nuestro? Me considero uno de esos que tienen dudas respecto a la honestidad general. ¿No deberíamos dar el ejemplo apropiado para que los posibles asaltadores de nuestras "propiedades" tomen buena cuenta de lo que estamos promoviendo los artistas y creadores? 

Si hay que aceptar que vivimos en una sociedad manejada por el capitalismo salvaje, donde uno mismo debe buscarse su propia manera de subsistir, deberíamos asumir el riesgo de que los más desprotegidos se tomen la "justicia por su mano". Es decir, que si no se tiene dinero para adquirir todo eso, que de una manera inmoral, nos imbuyen día a día los medios de comunicación (de los que no se libra ni Blas); esa estafa del milagro americano y el famoso estado de bienestar burgués, que si no alcanzamos de alguna manera se nos discrimina. Si no lo conseguimos, antes de ser como los parias que no pueden acceder a esos artículos de consumo… uno se descarga una canción, una peli, un secuenciador, se compra un bolso de imitación, aparca en doble fila o vende a su madre por un autógrafo.

Un poco de demagogia: Si no quieres que tu hijo fume no lo hagas delante de él. Si quiere evitar el destrozo de la naturaleza no tires residuos donde no se debe. Si no quieres que te estafen no lo hagas tú con subterfugios. ¿Al final hay que poner multas para evitar asesinatos al volante?

Mucha ley pero poco ejemplo. Los músicos y demás afectados somos como el resto: jugamos con el trabajo de otros y no estamos predicando con el ejemplo (yo el primero). No podemos esperar a las leyes para ser como hay que ser.

Pero que no se me malinterprete. Creo en el Estado de derecho y en la regulación de la sociedad; así que no puedo negarme a que se controle legalmente internet (aunque, el mal uso del poder, convierte el control en censura) o cualquier actividad que afecte al modo de vida de los trabajadores. El de los magnates de la industria, los banqueros, los emporios comerciales, los inmobiliarios y constructores; el de los creadores fraudes y demás buitres de la escena mundial, incluido los políticos corruptos… habría que desmantelarlo y proporcionar soluciones más comprometidas con el ciudadano de a pie: ¿Qué pasa con la responsabilidad de las empresas de telefonía en el pirateo? ¿No son ellas las que proporcionan los medios técnicos para descargar contenidos? Deberían ser ellas las que abonaran el canon, no los usuarios. 

Se discute mucho sobre el pirateo. Las redes de apropiación de la propiedad intelectual se amplían, cada vez más afectados por la merma de ventas (me refiero a los profesionales modestos, los "top" sólo ingresan menos de lo que quisieran, que es más de lo que merecen), se buscan la vida haciendo lo que pueden mientras uno/as cuantos/as, se apropian de lo que no es suyo (incluyo a las grandes compañías de distribución, mediáticas y telefonía). La lucha contra el pirateo suscita una polémica activa en la que los directamente afectados reivindican su forma de vida, su modo de subsistir: los derechos de autor. 

Apoyo la idea de defender el trabajo honesto y la remuneración justa y equitativa. Sin embargo, mi posición está un poco más hacia el progreso y la "izquierda": No creo en el pensamiento único que este sistema capitalista nos imbuye, y sé que hay otra maneras de financiar nuestra vida de "artista". No es momento ahora de explicarme ampliamente pero, en forma reducida, puedo transmitir la idea que creo sería justa para solucionar el problema del fraude: "La Renta Básica". Es un poco utópico, pero creo firmemente en ello.

Hay muchos profesionales que trabajan todos los día haciendo "arte" con su capacidad y su pasión, y no exigen, ni merecen, ni nadie se lo plantea, derechos de autor. Quién piensa en pagar derechos de autor a un zapatero/a, médico/a, modisto/a, locutor/a, profesor/a, educador/a…etc., etc. ¿Por qué los "artistas" (más bien artesanos, muchos) nos creemos eso de que la propiedad intelectual genera beneficios, que son, la única manera de ganarse la vida? ¿Por qué permitimos que un gran número de fraudes se cuelen entre nosotros los "creadores", y copen el mercado con sus productos defectuosos? ¿No debería haber formación estatal para todo aquel que quiera ser "artista", como en cualquier disciplina? Se pagaría por ser lo que eres, no por lo que generas.

Me parece igual de inmoral que un banquero o financiero gane lo que ganan, que cualquier profesional del arte pueda vivir de un par de canciones el resto de su vida.

Cuando un/a profesional de otros ámbitos no sabe desempeñar bien su trabajo se le despide, si no tiene titulación no se le contrata; normalmente los buenos profesionales se reciclan, y se empeñan con esfuerzo en mejorar sus conocimientos y aptitudes: un bombero debe estar en forma y conocer al dedillo las técnicas propias de su profesión; le pagan por ser bombero, no trabaja a comisión retrospectiva por el número de salvamentos…

Si alguien sabe componer, escribir, tallar, pintar, recitar o filmar, o lo que sea, bien puede desempeñar su empleo por un sueldo digno, equitativo y proporcional a su preparación, aptitud y actividad; compartir su arte trabajando por pasión, pues ya no importaría ganar, sino crear. Actuar, bailar, tocar, producir en un sin fin de escenarios, salas, colegios, instituciones, fundaciones, bares, estadios… financiado con el ingente beneficio producto de las recaudaciones que el trabajo cultural proporciona: Ventas de discos, multimedia, entradas, libros, etc. (a precios asequible para todos, claro está, y no sólo para los que tienen poder adquisitivo). 

Un organismo multidisciplinario, una institución con supervisión gubernamental (sin políticos o directivos fraude de los que dependiera, como los de ahora), de tipo gremial-comunal democrático, que gestione el empleo de los "artistas y creadores", de los representantes, técnicos y demás profesionales del sector, que previamente han estudiado su campo y pueden demostrar su valía examinándose en una Universidad de Arte y Tecnología en condiciones. (¿Podría decirse que sería algo comparable al funcionariado, en su mejor expresión entendido?)

Si quieres tocar, escribir, bailar, componer, pintar, dirigir: Título, empleo, sueldo (sin ambiciones de enriquecimiento)… y el resto, ilusión, pasión, imaginación y búsqueda de ti mismo.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

La frase "cualquier profesional del arte pueda vivir de un par de canciones el resto de su vida" es una, y perdón de antemano por el apelativo, soberana majadería. Pero vamos a ver ¿cómo piensa el autor de este comentario que funciona el reparto de derechos de autor? Para poder vivir "toooda la vida" de los derechos generados por un tema, éste debe seguir vendiéndose "toda la vida". Ahora viene la pregunta ¿cuántos temas de hace 30, 20, 10 ó simplemente un año, conoce, que se sigan vendiendo a día de hoy? Esta es la máxima "Si no se vende (se consume, se oye...), no genera dinero".
Y ya siguiendo con el tema ¿porqué los autores no pueden tener su modelo de negocio? Es el mismo que tiene un vendedor a comisión, él está encantado con esa fórmula y a nadie le parece mal. Imaginemos a un vendedor estupendo que vende 20 veces más que sus compañeros y ahora llega un listo y le dice que da igual lo que venda, que va a cobrar lo mismo que todos los demás. ¿Que bien, no? Los únicos que estarían encantados con la medida serían los que no venden nada. Creo que está claro ¿No? A comisión, es decir, repartiendo beneficios, ha sido la batalla ganada por los autores tras siglos de pelea y ahora vienen los enterados (que parece que no se enteran de nada) a querer volver a los abusos anteriores. Pues hombre, ¡¡muchas gracias!!

Javier Cabañas dijo...

¿Conoces "La Macarena"? El mundo entero sí… Aserejé , La barbacoa, etc., etc.

¿No crees que sus autores se están forrando con esas canciones, habiendo hecho un esfuerzo determinado, pero no superior al de cualquier profesional de otra clase?

¿Quién se ha arrogado la supuesta superioridad del trabajo "intelectual" sobre el menestral? Los privilegiados.

Los trabajos a comisión suelen ser abusivos para el usuario y frustrantes y alienantes para el empleado. No sólo los precarios como la televenta, qué abarrotan el mercado laboral con su oferta de empleo, pues suele ser sustancioso para el empresario a causa de los bajos sueldos y las irrisorias condiciones laborales; también los que gozan de buena imagen, como los de la banca, con sus comisiones, que tienen el "deber" de inocular el deseo de pedir prestado para alcanzar objetivos y conseguir primas.

La diferencia "patente" (je), es que ciertos artículos de consumo son demandados casi compulsivamente —el ocio aglutina un porcentaje muy elevado de esta demanda— y, por lo tanto, generan beneficios desmesurados: En gran parte captados por la industria y sus intermediarios (discográficas, editoriales, medios de comunicación, telecos).

Otra cuestión. "¿Por qué los autores no pueden tener su modelo de negocio?" No puedo demostrarlo, pero estoy convencido de que el atractivo del "arte" es como el sueño americano. No estaría tan sobrevalorado sin la expectativa de la fama y el dinero. ¿Habría tanta aparente vocación por la música si el pago fuese como en la mayoría de las profesiones y puestos de empleo, donde ser mileuristas es casi un privilegio?

Creo que muchas personas se sentirían realizadas, llevarían una vida profesional con sentido, si toda esa cantidad ingente de dinero se repartiera equitativamente. Procurando un regulación de los colectivos profesionales de la cultura—no solo ocio. El beneficio social es inmenso, educativo y de entretenimiento, evolutivo y constructor de interpelaciones sanas y enriquecedoras—, que permita la reinversión y la consecución de un sistema sostenible e inclusivo, donde no existan desigualdades tan claras como que unos pocos vivan a costa de una multitud de profesionales anónimos que no pueden llegar a final de mes.

No creo en absoluto en la consigna del mercado, que entiende la competencia individualista como motor de la economía y el bienestar. Tampoco creo que el reparto de los beneficios y la adopción de soluciones como la Renta Básica (puedes mirar los enlaces), sean obstáculos para la búsqueda de calidad y el desarrollo útil de las ciencias, las artes o la tecnología.

Otro mito, el de la "falta de inversión": la huída de los especuladores, que no aportan otra cosa que el deterioro de la innovación, es lo que se necesita para la creación y puesta en práctica de nuevas ideas, basadas en la vocación y el amor por las cosas bien hechas. Facultades propias de la juventud, de espíritu y de conciencia.


Así; todo no dependería de componer una canción radical y subjetivamente comercial.

(Efectivamente, podemos hablar de dar patadas a un balón, representar un papel en una película, desarrollar un software, diseñar modelitos, inventar un plato de cocina deconstuída, convencer a incautos para que pidan un préstamo en una empresa de créditos rápidos, intermediar entre el pescador y el supermercado, inundar la playa de ladrillos, encontrar una vacuna para el cáncer, inventarse una pandemia, mentir para ser candidato a presidente, calificar a una nación como económicamente insolvente… ¡todo por la pasta!)

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