viernes, 16 de septiembre de 2011

Soy un llorón

Tienen más razón que un santo: soy perezoso, inepto, sin talento y llorón:

Como gran parte de las personas del planeta que nos consideramos ajenas a la lucha de "todos contra todos" y pensamos que cualquiera tiene algo útil que aportar y compartir; que no queremos o no sabemos emplear nuestras energías en fomentar esta carrera de alienados detrás de la zanahoria de los acemileros.

Talentos que merecen una oportunidad para descubrirse, que, como cualquier dote, beneficiarían al bien común y particular, y que serían perfectamente asequibles en un mundo donde no existiera el beneficio, la petulancia y la ambición como principales, y comúnmente aceptadas, metas.

Es verdad, podría haber estudiado más: marketing, composición contemporánea, publicidad, gestión de empresas... Podría haber tragado con la industria y sus imposiciones; aceptado desde los tiempos de La Nave (míticos locales de ensayo y sala de conciertos de Madrid) tocar para advenedizos y abandonar mis sueños
, entonces aún intactos.

Además debería haber asistido a terapia y a psicólogos —de pago, claro— para vencer mis socialmente estigmatizadas "limitaciones": Falta de autoestima, poca combatividad en entornos de presión, tendencia a evitar conflictos, conformismo, carácter influenciable, etc. y así poder enfrentarme a "retos", acabar con mis "adversarios", "triunfar" y "forrarme".

Pero a cambio, con el pasar de los años he descubierto que, gracias a esas limitaciones, aunque lo pase mal para llegar a fin de mes, la inmensa mayoría de los ciudadanos de a pie son más parecidos a mí que a los campeones del mercado, y que me siento orgulloso de tener la conciencia de que toda la desigualdad en el mundo es consecuencia de ese individualismo precoz y destructivo que se nos inculca desde que nacemos y que discrimina y destruye a todo ser que no comulgue con sus dictámenes:

A toda persona que la naturaleza no ha dotado de la capacidad de convertirse en lobo. Curiosamente, cuando sólo queden lobos y todos esos enajenados corderos disfrazados de lobo; se irá a por los esbirros, y al final se comerán entre ellos: ¡Un sistema de locos!